
Un gratinado francés ligero y reconfortante con rodajas de calabacín tiernas horneadas en una crema de huevos con queso de cabra y una costra dorada de parmesano. Bajo en carbohidratos y naturalmente sin gluten, perfecto para una cena entre semana.
Precalentar el horno a 190 °C. Engrasar ligeramente un molde de aproximadamente 23×33 cm con aceite de oliva.
Lavar los calabacines y cortarlos en rodajas finas de unos 3 mm. Salarlos ligeramente y dejarlos escurrir en un colador durante 10 minutos, luego secarlos con papel de cocina.
Pelar y picar finamente los dientes de ajo.
En un bol grande, batir los huevos con la nata hasta obtener una mezcla homogénea. Salpimentar y añadir el tomillo. Incorporar el ajo picado.
Colocar las rodajas de calabacín en capas superpuestas en el molde preparado.
Verter la mezcla de huevos y nata uniformemente sobre el calabacín.
Desmenuzar el queso de cabra en trozos pequeños sobre la superficie, distribuyéndolo de manera uniforme.
Espolvorear el parmesano rallado por toda la superficie.
Hornear 30–35 minutos, hasta que la superficie esté dorada y la crema cuajada. Un cuchillo insertado en el centro debe salir limpio.
Dejar reposar 5 minutos antes de servir. Acompañar con una ensalada verde sencilla.
Los carbohidratos provienen principalmente del calabacín. Siga siempre el método de dosificación definido con su equipo sanitario para determinar la dosis de bolo adecuada. El alto contenido en grasas y proteínas del queso de cabra, los huevos y la nata ralentiza considerablemente la digestión — es probable que el aumento de glucosa sea diferido 2 a 4 horas después de comer. Considere un bolo partido si su pauta lo permite, y monitorice su glucemia durante la noche. Registre esta comida en su diario alimentario.